Vittore prácticamente voló en su coche deportivo para llegar al hospital y ver con sus propios ojos la noticia de su padre fallecido. Y realmente lo estaba. Ya ninguna máquina, ni agujas ni manguerillas rodeaban su cuerpo amoratado. Estaba allí, acostado con el semblante relajado y en paz. Se veía muy diferente a su estilo de vida lleno de trabajo, viajes de negocios y placer. No tenía sus constantes ceños fruncidos ni sus gritos dando órdenes a todo el mundo e ignorando a los que lo necesitaba