XXXVII B

Habían pasado más de treinta días desde la fiesta. Y desde el día después de la festividad, Kelly no paró de buscar un empleo temporal o estable. Cada día que pasaba necesitaba con premura un puesto de trabajo para poder pagar y seguir sobreviviendo. Pero no halló a nadie que pudiera darle un espacio o que la aceptara.

Parecía que nadie ocupaba una ayudante. Parecía que nadie la veía capaz de mover un dedo. Parecía que todo el mundo consideraba o sospechaba que podría ser la amante de un hombre
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