Habían pasado más de treinta días desde la fiesta. Y desde el día después de la festividad, Kelly no paró de buscar un empleo temporal o estable. Cada día que pasaba necesitaba con premura un puesto de trabajo para poder pagar y seguir sobreviviendo. Pero no halló a nadie que pudiera darle un espacio o que la aceptara.
Parecía que nadie ocupaba una ayudante. Parecía que nadie la veía capaz de mover un dedo. Parecía que todo el mundo consideraba o sospechaba que podría ser la amante de un hombre