—Señor, hay un hombre que pregunta por el señor De Lucca. Dice que se llama Bruno Rossi —avisó un asistente al llamar a la puerta del despacho.
—¿Lo conoce? —preguntó el señor Bates.
—Sí —contestó Valentino.
—Bien. Hágalo pasar.
Instantes después, un hombre robusto y calvo, vestido con traje, ingresó con un maletín de cuero. Saludó a todos los presentes y sonrió a Valentino, que lo observaba enviándole un mensaje clave. El recién llegado se giró hacia Kelly y la saludó con más ceremonia, como si la conociera, dejándola desconcertada.
—¿De qué se trata todo esto? —preguntó el abogado Mosley.
—Ya lo verá en un momento, señor —respondió Bruno Rossi con una sonrisa pícara.
Luego procedió a colocar el maletín sobre la mesa de madera lustrada, abriéndolo lentamente.
Dentro había varias cajas de diferentes tamaños, forradas en terciopelo negro, rojo y azul.
Dirigiéndose a Valentino, señaló con un dedo una en particular: más pequeña, cuadrada, con bordes redondeados.
—Ven aquí, Kelly —la ll