LXI A

Recorrió con sus manos cada parte del cuerpo de la joven, sin dejar de besarla con avidez. La sujetó con firmeza de la nuca, descendió por su espalda y su costado, y atrajo sus caderas contra las de él, haciéndole sentir la presión de su excitación.

Tomó una de sus piernas y la colocó alrededor de su cintura, llevándolos a una leve inclinación de sus cuerpos. El aire se volvió tenso, cargado de un silencio en el que solo se oían las respiraciones de ambos.

Su propio y suave gemido comenzó a oírse, y despertó a Kelly del letargo en el que casi caía. Se vio a sí misma sentada sobre una mesa, con un hombre frente a ella, acariciando sus piernas con una posesividad que la deshacía.

Si no tuviera ese mínimo de lucidez, estaba segura de que aquello no terminaría en solo unos cuantos besos apasionados. Él fácilmente podría deshacerse de su falda de tubo con solo levantarla de un tirón.

Con esfuerzo, lo apartó empujando su pecho y bajó de la mesa de un salto, sonrojada por lo ocurrido. No iba
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