Kelly quedó absorta mirando los papeles en sus manos. Aquella cláusula la puso en un estado de perplejidad. No entendía y no tenía ningún sentido, si para él el matrimonio era una condena tanto como para ella, al no estar basado en el amor sino en una necesidad desesperada.
—Entonces, si después de dos años y un día yo pido el divorcio y él no lo acepta…
—Seguirá casada con él hasta que acepte firmar o perderá todos los beneficios que se le detallaron anteriormente si abandona el hogar.
—¿Por qué haría eso? Parece ridículo.
—Créame, señorita McBride, esto es más habitual de lo que parece. No lo tome a mal. No hay un motivo en concreto; a veces solo es estrategia.
—Leí también que, si llegáramos a tener hijos, él tendría que quedarse con la custodia y yo tendría que hacerle las visitas, además de pagar manutención. ¿Es así?
—Sí, señorita.
Kelly levantó las cejas, sorprendida, con líneas de indignación marcándole el rostro.
—¿Y se me exigirá completa fidelidad por los dos años y hasta u