Macarena se detuvo en seco. Jeremías estaba tendido en el sofá. Lola sobre él, totalmente desnuda.
La morena estaba inmóvil, no conseguía reaccionar ante aquella bizarra escena.
—¡Jeremías, no! —susurró apenas. El desconcierto en su rostro era absoluto.
Lola levantó el rostro al escuchar el ruido en la puerta. Miró a Macarena y sonrió con malicia. Luego apoyó la mejilla sobre el pecho de Jeremías, deliberadamente, como si quisiera marcar un territorio que no le pertenecía.
Él murmuró algo, c