Jeremías se dejó caer de nuevo en el sofá, con los codos apoyados en las rodillas. Se pasó las manos por el rostro, intentando ordenar su cabeza.
Cerró los ojos un instante y poco a poco comenzaron a aparecer fragmentos de lo ocurrido. Recordó el momento en que comenzó a beber y sentirse algo mareado. La habitación girando lentamente frente a sus ojos. La voz de Lola cerca “No estás solo…”
Abrió los ojos de golpe, con el corazón acelerado.
—No… —murmuró.
Se llevó la mano al pecho. Le dolía resp