Arquímedes salió de la comandancia con el corazón destrozado. Ver a su hijo detenido de manera tan injusta le había provocado un dolor físico, opresivo, que apenas le permitía respirar. Tenía que hacer algo. Tenía que hablar con José, enfrentarlo, exigirle que retirara aquella denuncia absurda.
Subió a su coche y condujo directamente hasta la agencia de transporte donde José debía estar trabajando. Sin embargo, al llegar, se encontró con una noticia que terminó de descolocarlo; José había renun