Con la renuncia de José, Lola tuvo que irse junto a su padre. Jeremías y Macarena regresaron a su antigua casa. Y mientras ella estaba feliz por su viaje, él se sentía frustrado y prisionero de aquel contrato.
Finalmente llegó el día del viaje. Jeremías conducía, en silencio, pensativo. Macarena apoyó la mano sobre la suya mientras avanzaban hacia el aeropuerto.
—Es solo por unos días —dijo ella, con suavidad, buscando tranquilizarlo y tranquilizarse también a sí misma.
Jeremías asintió.
—Lo