Macarena despertó con la sensación tibia de unos labios rozando su frente delicadamente.
—Buenos días —murmuró Jeremías.
Ella abrió los ojos despacio. Sonrió levemente al verlo de pie, ya vestido y sosteniendo una bandeja entre las manos.
—Aquí le traigo su desayuno, señora Fuenmayor. —dijo Jeremías mientras ella se incorporaba aún adormecida y se hacía a un lado para que él tomara asiento.
Jeremías se sentó en el borde de la cama y colocó la bandeja encima de su regazo. Macarena se arregló