José bajó del coche y entró por la puerta trasera de la casa. Dejó las llaves sobre la mesa con el mismo cuidado de siempre y se aflojó el nudo de la corbata antes de llamar a su hija.
—¿Lola?
Ella apareció desde el fondo del pasillo, acercándose con timidez a su padre. Había pasado el día entero esperando ese momento. Sabía exactamente qué decir y cómo actuar.
—Papá —respondió, con voz suave.
José levantó el rostro para verla. Había algo en su expresión indescifrable, sus cuerpo y hombros se