Jeremías sostuvo a Lola por los brazos y la estremeció con fuerza.
—¡Estás mintiendo! Eso no puede ser verdad —dijo, negando con la cabeza—. No… no puede.
Lola intentó soltarse pero él la sostuvo con mayor fuerza.
—Sí lo es —respondió con hostilidad.
—No, no dime que no es cierto.
Ella lo miró con una enojo y a la vez, con tristeza. Todo lo que había hecho hasta entonces para conquistarlo, no le había servido de nada. Primero Carol y ahora Macarena. Nunca se fijaría en ella.
—Macarena lleg