59/ De salvador a verdugo.
Apenas entraron hacia la sala, cuando Jeremías se acercó a ella y con voz neutra y firme, habló.
—Puedes subir a la habitación de arriba —le dijo—. Descansa. Yo tengo algunas cosas que resolver.
Macarena negó con la cabeza mientras se dejaba caer en el sofá de dos puestos.
—No, está bien aquí. Me quedaré aquí… un rato.
Él frunció el entrecejo y su mandíbula se tensó.
—No seas terca. Necesitas descansar —dijo finalmente—. Por favor, sube. Necesitas descansar y yo debo ocuparme de un par de asu