Jeremías se acercó a Macarena, se colocó a su lado y se inclinó apenas para susurrarle al oído:
—Hola, Macarena.
Ella sintió que la piel se le erizaba. Aun así, respiró hondo y se obligó a parecer tranquila.
—¿Qué haces aquí? —preguntó visiblemente aturdida— ¿A qué has venido a seguir burlándote de mí?
—Vine por ti —respondió Jeremías, sin apartar los ojos de ella—. Tenemos una conversación pendiente.
—No pienso ir a ningún lugar contigo, Jeremías —contestó Macarena.
La voz del moderador anun