Después de almorzar, Miguel fue a su habitación, mientras Arquímedes regresó a la comandancia con la intención de ver a Jeremías y hablar con él.
Sin embargo, al llegar, le informaron que no podía visitarlo. Jeremías ya había recibido las dos visitas permitidas ese día y tendría que esperar hasta la mañana siguiente.
Arquímedes se sorprendió.
—¿Quién vino a verlo? —preguntó con curiosidad.
—La señora Inés Fontanelli —respondió el oficial.
Arquímedes suspiró hondo. Al menos no había tenido que e