—¿Qué estás diciendo? —preguntó Lucas, incrédulo.
—Lo que oíste —respondió Inés con frialdad—. Tú no eras mi hijo.
Lucas dio un paso atrás, como si aquellas palabras lo hubieran golpeado.
—Cuando tu padre descubrió que yo lo había engañado con el chofer, me obligó a mentir —continuó ella—. Me obligó a decir que Jeremías no era su hijo, sino mi hermano. Y tuve que callar.
Hizo una pausa breve, pero su voz no tembló.
—Durante los primeros años, mi hijo tuvo que vivir con mis padres. Yo no podía h