Esa misma tarde, después de pasar por su antigua casa y recoger las pocas pertenencias que les quedaban, Arquímedes se dirigió junto a Miguel a la casa de Jeremías.
Una vez que llegaron a la casa, Miguel quedó sorprendido. Nunca antes había estado en un lugar tan lujoso y cómodo como aquella. Comparada con la pensión de Doña Marta y la pequeña vivienda que acababan de dejar, aquel lugar era como una mansión para él. Todo era demasiado amplio: la sala, la cocina, las habitaciones.
Arquímedes le