Mientras tanto, en Dubái.
La villa Al-Sabah estaba extrañamente silenciosa.
Desde que Samyra se había marchado, algo parecía haberse apagado entre aquellas paredes.
Los sirvientes caminaban con cautela.
Los guardias hablaban en voz baja.
Incluso los jardines, siempre llenos de vida, parecían más sombríos.
Nassira estaba sentada bajo una gran palmera, intentando leer un libro.
Intentando.
Porque llevaba varios minutos observando la misma página sin comprender una sola palabra.
Su mente estaba dem