Al día siguiente, Fahriye despertó mucho antes de que saliera el sol.
Había pasado gran parte de la noche dando vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos, una misma pregunta aparecía en su mente.
¿Y si los rumores eran ciertos?
No quería pensar en ello. No quería permitir que aquellas palabras se metieran en su corazón, pero era imposible ignorar el miedo.
Aquella mañana, la jequesa Alya llegó para acompañarla. También estaba Samyra, su madre, quien desde