Estaban tan felices que Hasret sentía que, por primera vez en mucho tiempo, la vida le estaba regalando algo hermoso sin pedirle nada a cambio.
Quería contarle a Murad de una manera especial.
Por eso, antes de regresar a casa, entró en una pequeña tienda y comenzó a mirar las cosas para bebés.
Había tantos zapatitos diminutos, tan pequeños que apenas podía creer que algún día unos pequeños pies pudieran caber dentro de ellos.
Finalmente eligió un par.
Eran delicados y adorables.
Los sostuvo ent