Murad se acercó a Hasret y besó suavemente su frente.
No necesitaba decir demasiado. En sus ojos había una decisión que parecía más firme que cualquier promesa.
—No tengo dudas —murmuró—. Voy a amar a este bebé. A mi bebé. Te lo juro.
Hasret lo observó en silencio, con los ojos humedecidos.
—¿De verdad no tienes miedo? —preguntó.
Murad sonrió.
—Claro que tengo miedo.
Hasret bajó la mirada.
—Entonces...
—Pero no tengo miedo de amarte a ti ni de amar a nuestro hijo.
Le tomó las manos.
—Lo que ven