Hasret no pudo soportarlo más.
Las palabras de Essyra habían sido demasiado crueles, demasiado hirientes.
Sin pensarlo, Hasret levantó la mano.
La bofetada resonó por todo el pasillo.
—¡No vuelvas a hablar así de mi hijo! —exclamó.
Essyra se llevó una mano al rostro, completamente sorprendida.
—¡¿Cómo te atreves?!
Pero antes de que pudiera responder, Fahriye se abalanzó sobre ella y la empujó con fuerza.
Essyra perdió el equilibrio y cayó al suelo.
—¡Falsa! —espetó Fahriye, furiosa—. ¿Quieres q