Samyra revisó su maleta por tercera vez.
No porque realmente hiciera falta. Simplemente no podía quedarse quieta.
Los documentos estaban listos.
El pasaporte. Las cartas de admisión.
Su computadora. Sus libros.
Todo estaba exactamente donde debía estar.
Aun así, volvió a comprobarlo.
Y volvió a sonreír.
Su corazón latía con una emoción que hacía mucho tiempo no sentía.
Era felicidad. Felicidad verdadera.
De la que nace desde dentro. De la que no depende de nadie.
Miró por última vez la habitació