Caminaba al lado de Viktor, todavía con el corazón acelerado y la cabeza llena de preguntas que me desgarraban por dentro. No sabía si estaba más herida por lo que había pasado con Julian, por lo que Amelia me había dicho con esa sonrisa venenosa o por lo que acababa de descubrir sobre mi padre. Viktor me guio con suavidad hasta la cafetería del hospital. Sentía el calor de su mano en mi brazo, firme pero al mismo tiempo reconfortante, como si quisiera evitar que me derrumbara en cualquier mome