—Voy por unas copas para celebrar —anunció mi madre, con una sonrisa entusiasta, mientras se alejaba hacia la cocina.
Julián se quedó mirándome. Tenía esa sonrisa tranquila que siempre me desarmaba. Tomó mi mano con suavidad, entrelazando sus dedos con los míos.
— ¿Estás feliz? —preguntó en voz baja—. ¿Te gustó la sorpresa?
Asentí con una leve sonrisa, aunque la emoción me temblaba en el pecho.
—Sí… sí, me gustó la sorpresa. En verdad no me lo esperaba.
Él extendió una mano hacia mi rostro y co