Julian se agachó frente a ellos, poniéndose a su altura. Su expresión cambió: ya no era la del hombre seguro que me había propuesto matrimonio, sino la de alguien que entendía la magnitud de lo que estaba diciendo. Su voz salió baja, suave.
—Eso… solo si ustedes quieren verme como su papá. Yo estaría muy feliz si así fuera.
Aiden lo miró con el ceño fruncido, pensativo. Luego, su pregunta me atravesó como una flecha.
—Y mi mamá va a ser feliz contigo? ¿Nunca vas a llorar?
Julian se quedó callad