– Rebeca Miller
—¡Julián, ya bájame! —reí con fuerza, mientras él daba vueltas conmigo en brazos. Me sujetaba con firmeza, y yo intentaba sostener mi cartera entre risas—. ¡Está sonando mi teléfono!
Él me bajó con cuidado, todavía sonriendo como un niño emocionado.
—Dile a tu ex jefe que no puedes ir con él… —Me miró con picardía—. Vamos a celebrar tú y yo, como se debe.
Lo miré con una sonrisa entre dulce y culpable.
—Lo siento… pero ya le dije que pasara por mí. Podemos celebrar mañana, ¿te