– Rebeca Miller
Camino de un lado a otro por el pasillo del hospital, incapaz de quedarme quieta. Mis pasos resuenan sobre el suelo pulido, y cada sonido me perfora los nervios. Siento el corazón a punto de estallarme dentro del pecho. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que trajimos a Charles; podría haber sido media hora o toda una vida.
No han salido los médicos, no han dicho una palabra. Solo el silencio frío de este lugar, interrumpido por el pitido de los monitores y las voces lejanas de