El suave resplandor de la mañana se colaba por las cortinas, tiñendo la habitación de un tono dorado y apacible. Mis ojos se abrieron lentamente, y lo primero que sentí fue el calor del cuerpo de Charles, abrazándome por la cintura. Su respiración tranquila acariciaba mi cuello, y su presencia me envolvía en una sensación de paz que hacía tiempo no experimentaba. Me quedé quieta, disfrutando ese instante, intentando grabarlo en mi memoria.
Intenté moverme con delicadeza, pero su abrazo se hizo