Evans
El despacho estaba en completo silencio, con la luz tenue del amanecer filtrándose entre las persianas. Las primeras horas de la mañana eran sagradas para mí: sin interrupciones, sin ruido, solo los números, las cuentas y mis pensamientos. Ryan seguía de viaje, y aunque debería sentir cierta tranquilidad, mi mente estaba lejos de eso. Había algo que no cuadraba.
Abrí la carpeta de balances del último trimestre y mis ojos se posaron sobre unas cifras que inmediatamente me hicieron fruncir