Evans
El ambiente en la oficina tenía un peso distinto esta mañana. El aire era denso, cargado de tensión que no provenía solo del café recién hecho o del silencio entre escritorios. Sabía que cada segundo contaba, que cada paso debía medirse. Ryan estaba de regreso de su viaje, y aunque su rostro todavía mostraba signos de resaca, no podía permitirme el lujo de bajar la guardia.
Al entrar en la sala de reuniones, lo encontré revisando informes sin siquiera notar mi presencia. Caminé despacio, con la espalda recta, respirando profundamente, dejando que mi postura transmitiera control absoluto, calma y autoridad. Era fundamental que él creyera que yo ignoraba lo que había descubierto.
—Buenos días —dije con neutralidad—. Veo que estás ocupado.
Ryan levantó la vista, parpadeando, todavía un poco adormilado, pero suficiente para notar mi presencia. Una sonrisa nerviosa apareció en su rostro, como si esperara aprobación. No se dio cuenta de que mi mirada estaba midiendo cada gesto, cada r