ALEXANDER
La fiesta estaba en pleno apogeo, una gran celebración por el acuerdo comercial que había cerrado con los Graham. El murmullo de las conversaciones, el suave tintinear de las copas y el resplandor de las lámparas de araña envolvían el salón con un aire de opulencia.
Cuando Raina entró acompañada de su amante, supe que aquel era el último lugar en el que quería estar y, aun así, allí estaba.
Raina era incansable, decidida a obligarme a ceder. Y, aunque lo que estaba en juego no podía s