ALEXANDER
—Estoy haciendo lo que hay que hacer —respondí con brusquedad mientras pasaba de largo junto a ella.
Su voz siguió resonando a mi espalda, cargada de amargura, pero la ignoré.
Necesitaba creer que, cuando todo aquello terminara, Liam estaría a salvo.
Eso era lo único que importaba.
Me dirigí a mi habitación e intenté dormir, pero el sueño parecía haber huido de mí.
Mis pensamientos regresaban una y otra vez a Liam.
A su rostro pálido y frágil.
A la sombra del niño alegre que alguna ve