ALEXANDERVer a Eliza prácticamente rebosando de felicidad me revolvía el estómago. Que estuviera en las nubes, como si esta boda fuera un sueño hecho realidad, era algo que esperaba, pero aun así resultaba irritante de presenciar. Yo no quería este matrimonio, ni ahora ni nunca, pero ella era demasiado ciega para darse cuenta. Claro que nunca lo hizo. Para ella, este era el comienzo de un gran cuento de hadas. Para mí, era una carga.Una farsa.No iba a casarme por amor, sino porque era lo que se esperaba de mí.Si hubiera querido dejarla embarazada sin ponerle un anillo en el dedo, sabía que habría aceptado sin dudarlo. Pero las consecuencias... los rumores en la alta sociedad, las miradas de la gente que me importaba, incluso de aquellos a quienes a veces despreciaba, bastarían para acorralarme hasta obligarme a casarme con ella de todas formas. Mi reputación valía más.Por mucho que no me importaran ella ni la boda, mi apellido sí importaba. Así que haría lo que fuera necesario, a
Leer más