Al imaginar a Bruno encima de ella, el ceño de Facundo se frunció con fuerza.
—¿Por qué no entiendes? Aunque él vaya a la cárcel, ¿qué ganas tú? Lo hago por tu bien.
Patricia se irguió, firme.
—No quiero beneficios. Quiero justicia.
Facundo soltó una risa ligera, cargada de burla.
—No pensé que siguieras siendo tan ingenua.
Patricia guardó silencio.
Recordó cuando llegó a Sierraclara.
El acoso escolar.
No sabía qué hacer.
Fue Facundo quien limpió, uno por uno, los libros que le habían ensuciado.