Capítulo 22 Quinientos mil dólares
Alejandro le soltó el brazo y se giró, con el ceño fruncido.

Sus ojos oscuros estaban cargados de enojo.

—¿De verdad crees que soy de los que andan pensando en eso a todas horas?

Patricia se quedó sin palabras.

Alejandro era alto, y el sofá de la oficina apenas alcanzaba para tres personas. Dormía incómodo.

Ella solo había querido que él durmiera en la cama, y quedarse ella en el sofá.

Y aun así... terminó regañada.

—¿Y tú qué crees de mí? ¿Que soy una cualquiera que solo sabe provocarte? ¡Pues
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