Sus labios se encontraron.
No hubo tiempo de pensar.
Patricia rodeó con fuerza el cuello de Alejandro y, en lugar de apartarse, entreabrió los labios y lo besó.
La suavidad húmeda de ese contacto disparó la adrenalina.
Una emoción desconocida le recorrió el cuerpo.
El instinto rompió cualquier intento de control.
En Alejandro, el deseo contenido estalló.
Tomó la iniciativa, la presionó contra la pared y capturó sus labios con intensidad.
El roce tiró de la herida en la comisura.
Patricia soltó u