Alejandro levantó la muñeca para ver la hora.
—Voy a recepción a pedir otra habitación en este mismo piso.
—¿Doscientos dólares la noche y quieres tirarlos a la basura? Además...
Patricia alzó a propósito el pie lastimado, frunciendo el ceño mientras presionaba el tobillo inflamado, fingiendo dolor.
—Con el pie así, casi no puedo moverme. Si pasa algo, ¿crees que te voy a poder llamar? Ya somos amigos... ¿de verdad me vas a dejar sola?
—Solo te torciste el pie, no tienes una enfermedad terminal.