Leonardo estaba en su oficina, mirando la pantalla del computador, pensativo y perdido en divagaciones, tanto que no percibió los golpes en la puerta hasta que Gabriel entró y se acercó al escritorio.
–¡Señor! ¡Señor!– Gabriel alzó la voz para finalmente llamar la atención de su jefe.
Leonardo parpadeó varias veces, saliendo del trance, y luego levantó la cabeza para mirar al otro.
–Aquí están los documentos que pidió– Gabriel dejó la carpeta sobre la mesa y volvió a mirar al jefe, notando que