Leonardo permanecía de pie en el mismo lugar, el pecho subiendo y bajando de forma irregular, los ojos fijos en Julia. Era como si su mente se hubiera negado a procesar lo que acababa de oír.
Julia dio un paso vacilante en su dirección.
–Leonardo…–
Él levantó la mano, impidiendo que se acercara.
–Repítelo.– La voz salió baja y ronca, cargada de rabia contenida. –¡Repite lo que dijiste!–
–P-por favor, necesitas calmarte. Vamos a hablar bien, yo te lo explicaré todo…–
Leonardo dio dos pasos brusc