–Una prueba de ADN para comprobar la paternidad. Quiero saber si ese bebé es realmente mío– declaró Leonardo con firmeza, como si pronunciara una sentencia.
–¿Qué? ¿Una prueba de ADN? ¿Cómo puedes humillar a mi hija de esa forma? ¡Podrá tener muchos defectos, pero nunca te ha traicionado! ¿Cómo te atreves a pedirle que haga una prueba tan humillante?– gritó Beatriz en defensa de su hija.
–Sí, mientras estuvimos juntos, nunca se atrevió a traicionarme. Pero, en estos años en los que estuvo fuera