Después de bañar y arreglar a Dália, Júlia la acompañó hasta la mesa del desayuno. Leonardo no estaba allí, solo Carla, Beatriz y Adrian.
–¡Mi amor, estás tan linda! ¡Toda la ropa te queda como a una muñeca!– dijo Carla a Dália, y levantó la mirada hacia Júlia.
–Júlia, ven a sentarte–
Júlia miró a Carla con una expresión indiferente. Ya no quería quedarse allí y presenciar sus provocaciones, pero Leonardo no estaba, y tenía miedo de dejar a Dália con esas personas de intenciones dudosas. Así qu