Mundo ficciónIniciar sesiónCuando se anunció el compromiso real, la princesa Evelyne se arrojó a los brazos de mi esposo delante de todos los invitados. —No iré a Norval —sollozó, casi sin poder mantenerse en pie—. Quiero quedarme contigo. Adrián de Varenne la apartó de un empujón, haciéndola retroceder varios pasos. Luego habló con una indiferencia absoluta, como si aquel matrimonio no tuviera nada que ver con él. —Alteza, tiene el deber de cumplir con ese compromiso y aceptar su destino. Las lágrimas le empaparon el vestido, pero ni siquiera eso logró conmoverlo. A mi alrededor, las damas me felicitaban en voz baja. Decían que debía de saber manejar muy bien a mi esposo para que el duque regente me fuera tan fiel, incluso después de diez años ligado a la princesa. Sonreí sin responder. Dejé que Adrián me llevara de regreso a su residencia. Una vez allí, se sentó frente a mí y permaneció en silencio. Yo ya sabía lo que iba a decir. —¿Qué necesitas que haga? —pregunté con calma. Me miró y vaciló apenas un instante antes de responder: —Ese matrimonio es el destino de la princesa, pero no quiero que tenga que resignarse a eso. Hizo una breve pausa. —Te pareces mucho a ella. Quiero que ocupes su lugar y te cases con el hijo menor del rey de Norval. Tu padre y tu hermano regresarán a la frontera norte. Dentro de siete años, conquistarán el reino. No dudé. —De acuerdo.
Leer másCuando Adrián regresó a la capital, ya no lo hizo como duque, sino como prisionero de la Corona.Evelyne ya no estaba en su residencia.Al descubrir la conspiración que había mantenido con Norval, intentó huir aquella misma noche.Pero las puertas de la ciudad permanecían cerradas.La guardia real la encontró antes de que pudiera escapar y la llevó de vuelta al palacio.El rey no ordenó su ejecución.Le arrebató todos sus títulos y la condenó a pasar el resto de su vida en el monasterio junto a las tumbas reales.Toda su vida había temido las habladurías de la corte. Al final, fueron esas mismas voces las que la convirtieron en la mayor vergüenza de la capital.La primera petición de Adrián desde las mazmorras reales fue verme.No fui.Al día siguiente, un carcelero me entregó una carta escrita con sangre."Sé que me equivoqué. Vuelve. Te compensaré por todo."Leí aquellas palabras una última vez antes de dejar la carta en el fuego.El papel ardió lentamente. Las letras desaparecieron
Adrián llegó a Paso Gris dos semanas después.Mi padre y mi hermano permanecían dentro de la fortaleza.Leoric y yo habíamos establecido el campamento al otro lado de las murallas.Solo nos separaba una puerta.Y todo aquello que Adrián había intentado convertir en una guerra.Entró a caballo acompañado únicamente por unas decenas de guardias.No porque hubiera elegido presentarse con tan poca protección, sino porque el rey ya desconfiaba de él.Cuando la carta de Norval llegó a la capital, el monarca convocó a mi padre esa misma noche.Garrick Valdren presentó todas las cartas que Adrián había interceptado durante años.También entregó las órdenes secretas con las que había intentado movilizar al ejército del norte.Todas llevaban el sello de la familia de Varenne, pero ninguna contaba con la autorización de la Corona.Mover tropas en la frontera sin permiso y conspirar con un reino extranjero eran cargos suficientes para enviarlo al cadalso.Aun así, el rey no ordenó su ejecución inm
Recuperé la voz tres meses después de las nupcias.Aquel amanecer, junto a los ventanales del gabinete, acerqué la infusión de hierbas a mis labios.Una punzada atravesó mi garganta.La tos estalló seca, rompiendo el silencio de la estancia.La puerta se abrió de golpe y Leoric entró sin esperar anuncio.—¿Qué ocurre?Intenté responder.—Leo...El sonido salió áspero y extraño, como si perteneciera a otra persona.Leoric contuvo el aliento.Después cruzó la habitación y me abrazó.—Otra vez... dímelo otra vez.—Me ahogas —murmuré, intentando apartarlo.Me soltó de inmediato.Las lágrimas escaparon de sus ojos y humedecieron mi hombro.No dije nada.Solo deslicé la mano por su nuca, como hacía años atrás, cuando todavía era un muchacho perdido en la frontera.Esa misma tarde convocó una sesión en la cámara del consejo.La salud del rey empeoraba y la nobleza ya comenzaba a dividir sus lealtades.Roderic Skeld, el segundo príncipe, controlaba la caballería fronteriza.Era el mismo herman
Siete días después de mi llegada, fui recibida por la corte de Norval.El palacio se alzaba en el corazón de la capital, con sus torres oscuras perdiéndose entre la nieve. En el salón de audiencias, el fuego de las chimeneas ardía con tanta fuerza que el aire resultaba pesado.El rey aguardaba en el estrado. Su cabello ya estaba completamente plateado por los años, y en sus ojos había una culpa que no intentaba ocultar.Leoric mantenía mi mano entre las suyas.—Padre, ella es Elara.El rey guardó silencio durante unos segundos antes de suspirar.—Lo sé.Su voz era grave.—Hace ocho años no fui capaz de detener las ambiciones que llevaron a mis hijos a enfrentarse entre sí. Leoric resultó herido y la familia Valdren terminó pagando el precio.Hizo una pausa.—Intenté enviar mensajes a Aurelia durante todos estos años, pero la frontera estaba demasiado vigilada. Apenas había forma de hacer llegar una carta.Leoric apretó suavemente mis dedos.—Te escribí tres veces. Ninguna llegó a tus m
Último capítulo