Recuperé la voz tres meses después de las nupcias.
Aquel amanecer, junto a los ventanales del gabinete, acerqué la infusión de hierbas a mis labios.
Una punzada atravesó mi garganta.
La tos estalló seca, rompiendo el silencio de la estancia.
La puerta se abrió de golpe y Leoric entró sin esperar anuncio.
—¿Qué ocurre?
Intenté responder.
—Leo...
El sonido salió áspero y extraño, como si perteneciera a otra persona.
Leoric contuvo el aliento.
Después cruzó la habitación y me abrazó.
—Otra vez... d