ARIA
En cuanto entré en el comedor de la manada, Melia corrió hacia mí con una expresión ansiosa. Apenas llegó a mi lado, me dijo con entusiasmo:
—¡La cachorra por fin se despertó!
Sin perder tiempo, nos dirigimos rápidamente a la clínica de la manada. Al entrar, la vimos acostada en una camilla, con una expresión de cansancio evidente. Cuando nuestras miradas se cruzaron, su rostro mostró primero desconcierto, luego un leve rubor.
En cuestión de segundos, noté cómo sus ojos se dirigían a mis ma