KATRINA
Esa frase me hace estremecer de placer.
Gimo de necesidad, sin poder evitarlo, y Kael apoya su miembro contra mi centro, empujando apenas. Al principio duele... pero conforme avanza, poco a poco, mi cuerpo se va adaptando al tamaño de un hombre lobo.
Cuando lo miro a los ojos, noto algo distinto: una presencia salvaje.
Su lobo.
Me sonrojo. No sabía que podía conectar con él… con su otra mitad.
Kael me regala una sonrisita y me besa, un beso profundo que me deja sin aliento justo cuando