La Nochebuena llegó con una tormenta de nieve que enterró la ciudad bajo un manto blanco que hacía que todo pareciera limpio desde la ventana, una mentira visual que ocultaba la podredumbre que yacía debajo.
Valerie tenía ocho meses de embarazo.
El vientre era una montaña imposible que hacía que caminar fuera una tortura, que dormir fuera imposible, que respirar fuera un privilegio que tenía que negociar con los tres bebés que peleaban por espacio dentro de ella.
El departamento estaba más frío