Los días siguientes a la revelación fueron una metamorfosis grotesca de la rutina establecida.
Dimitri, que durante once años había alternado entre la indiferencia cruel y la violencia explosiva, se transformó en algo peor: un guardián obsesivo que monitoreaba cada movimiento de Valerie como si fuera ganado valioso que finalmente había empezado a producir.
Llegaba cada noche con bolsas de comida. Pan fresco, no el duro y mohoso de antes. Latas de conservas caras. Frutas que Valerie no veía desd