El cofre pesaba más de lo que parecía.
Valerie lo sacó del armario de Matilde con cuidado, como si pudiera romperse. Como si pudiera despertar a alguien.
La casa dormía.
Julián había dicho buenas noches con voz hueca y se había encerrado en su cuarto antes de las nueve. Los trillizos llevaban horas dormidos. El único sonido era el viento contra las ventanas y el crujido del suelo bajo sus propios pasos.
Valerie bajó el cofre a la cocina.
Lo puso sobre la mesa.
Lo miró.
En el auto, de vuelta del