El cumpleaños de seis años no requería castillos hinchables ni animadores disfrazados.
Requería exactamente lo que Lucía había pedido: todo el mundo en el jardín de la casa, comida en las mesas de madera y cero interrupciones de teléfonos de trabajo.
Isadora salió por las puertas francesas del salón llevando una bandeja de copas. El aire frío de diciembre en Madrid cortaba un poco, pero los calefactores de exterior mantenían el ambiente tibio.
Se detuvo en el umbral.
Miró la mesa principal. En